viernes, 31 de agosto de 2007
Luego de apariciones esporádicas (Queen Emeraldas) y viajes wagnerianos (Harlock Saga) el Capitán regresó con su tripulación original y la calidad intacta. Space Pirate Captain Herlock exhuma la verdadera bandera pirata, gracias a que Rin Taro (Metrópolis) decidió volver al timón de la Arcadia y deslumbrarnos con su conocido rigor visual. La nueva serie, de 13 episodios, nos sumerge en una atmósfera opresiva y nostálgica, donde abundan los claroscuros (que se extrañaron en Harlock Saga) y los rasgos siniestros que caracterizaron a la insuperable serie original. Ya no hay Amazonas, pero la Tierra está en peligro porque despertó el mismísimo Demonio.
En los títulos del primer episodio confirmamos que cuando se habla de Harlock no nos referimos a un simple animé (mucho menos a todo lo malo que se importa a nuestras pantallas) sino (y como aclara su creador, Leiji Matsumoto, en agradecimiento a su amigo Rin) a una obra de arte. En lugar de oír un openning clásico (pop bizarro nipón) solo escuchamos a una orquesta afinando sus intrumentos. Inmediatamente, una sublime mujer desnuda (Kei, joven pirata, típica belleza matsumotiana) nos advierte que el terror se apoderó del espacio. Pero los tiempos no son como antes ni los piratas tampoco. Cuando intenta abordar (y saquear) una nave de carga, Kei y su tripulación son capturados. La historia arranca cuando el profesor Daiba se reune con Harlock para decirle que llegó el momento de luchar. Los ex-piratas, tan ebrios como siempre, narran sus historias en un tugurio (como siempre), llorando de melancolía. La impotencia que muestran al conocer la noticia de que Kei ha sido arrestada nos entristece (que distintos eran los viejos tiempos, cuando estos tipos se hacían temer). El rasgo contemporáneo es subrayado por la extraña conducta del hijo del profesor Daiba. Si en la serie original era un joven inteligente y valiente (yo siempre me identifiqué con él, hasta sigo usando sus pantalones oxford) ahora es un delincuente (como mi hermano menor, hábil carterista que hace de las suyas en las peatonales de Buenos Aires). Su novia es nada menos que la hija del jefe de policia. Eél odia a los polis y vive dando (y recibiendo) palizas a colegas delincuentes que le reclaman lo que les debe. Por supuesto, su padre volverá a ser asesinado y él reclutado en la Arcadia (con esa famosa frase de Harlock incluída: “Si quieres ser un hombre de verdad, ven a mi nave y pelea bajo la bandera pirata de la libertad”).
Los diseños son mucho mejores que los de Harlock Saga. La música no conserva la estridencia y la monumentalidad de las versiones anteriores (sorprende el magnífico uso de los silencios) pero posee un ending estupendo, casi salido de la banda sonora de Metropolis (que como dije antes, dirigió el mismo Rin Taro). El montaje nos recuerda a las películas de Kitano, aunque Rin siempre los hace tan elaborados. Cortes de tiempo, estructuras de mozaico, largos planos y repeticiones hipnóticas (solo faltaría el propio Kitano, apoyado sobre la culata de un auto una y otra vez). La serie apunta al público que era niño cuando irrumpió el pirata del espacio a finales de los setenta. Está claramente orientada a un público adulto. La severidad de cada fotograma así lo confirma. En fin, estamos ante un formidable animé (y obra de arte) que despeja cualquier duda acerca de si Harlock volvería alguna vez o sería utilizado con fines comerciales para saciar la añoranza de sujetos melancólicos (como yo). ¡Larga vida a la bandera pirata!

Tags: harlock, leiji matsumoto, hugo steinhauser, anime, manga, the endless odyssey

Publicado por ARKADIENWEB @ 13:00
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