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    <title>BITACORA DE HARLOCK</title>
    <tagline>Blog dedicado al legendario pirata del espacio, el Capitán Harlock. De Hugo Steinhauser</tagline>
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        <title>Harlock Anarquista</title>
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        <summary>Inevitablemente, el Capitán Harlock nos arrastra hacia el concepto de libertad y con ello al pensamiento anarquista. Un pirata del espacio que se mueve por lo que lleva en el corazón, que lucha por su propia bandera, un proscripto que se encuentra fuera de la ley, que saquea las naves del gobierno con el fin de almacenar el motín para el futuro de la humanidad... No se trata de un simple heroe de dibujos animados, sin dudas. No es un mercenario, como los integrantes de Brigada A, sino alguien que posee un ideal tan elevado que la ley significa muy poco ante éste. Tampoco es un idealista pasivo, sino un hombre de acción. Además, mide a todos con la misma vara. A su nave puede subir cualquiera que experimente con idéntica pasión la defensa de su voluntad. Por momentos, parece el anarquista arquetípico. Un hombre nacido de la pluma de Bakunin (&lt;i&gt;La libertad no puede ni debe defenderse mas que con la libertad&lt;/i&gt;) o de Stirner (&lt;i&gt;Es imposible concebir a un libertario que no sea individualista&lt;/i&gt;) o de Proudhon (&lt;i&gt;Así como el individualismo es el hecho primordial, la asociación es su término complementario&lt;/i&gt;) esto último en referencia a los miembros de la Arcadia, esa colectividad que hace posible la lucha del Capitán. Sin embargo, algo que me llamó la atención y que no encuentro con firmeza en la bibliografía anarquista, es el tema del honor. Acá es donde entra el honor japonés, donde la violación de esa libertad, donde la traición y la culpa se pagan con la vida, donde la vida perdió su libertad a causa de un acto que no puede  redimirse, sino es con el honor salvado a través de la muerte.&lt;br /&gt;Harlock es un anarquista, pero también un Samurai. &lt;br /&gt;Por otro lado, el anarquismo siempre tuvo un punto débil: la inmensidad de su soñar. Al pretender que la humanidad se libere del yugo de la autoridad (gobiernos, religiones, militarismo, etc) forjó un pensamiento que se acerca peligrosamente a la utopía. ¿Estamos preparados para no ser gobernados, para que nadie nos dicte lo que queremos hacer, para tomar nosotros mismos la iniciativa de nuestros actos? ¿Y cuáles son los límites de esa libertad si alguna vez se logra concretar? ¿Acaso debería tenerlos? Como si se tratara de un sueño recobrado de una memoria infantil, este magnífico dibujo animado nos plantea una posibilidad, aunque solo sea poética: embarcarnos en una nave que nos lleve a la más absoluta libertad, a la aventura de lo desconocido, a la puesta a prueba de nuestros valores e ideales. La Arcadia es el paradigma de la anarquía, un sitio sin gobierno, fuera de la ley, donde podemos luchar o simplemente jugar con nuestros aviones de juguete, donde la vida pierde su sentido si no es vivida con honor, si no es respirada con pasión, si no es sentida con la responsabilidad de liberar a otros de la tiranía (Amazonas, Noo o el enemigo que se tope en su camino). Harlock se introduce en nuestras mentes para advertirnos: no es un mero entretenimiento, es un sueño que permanecerá por siempre en nuestro corazón y que quizás, llegado el momento, nos inspire a izar la bandera de la libertad!</summary>
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        <title>Primeras apreciaciones de The Endless Odyssey</title>
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        <summary>Luego de apariciones esporádicas (Queen Emeraldas) y viajes wagnerianos (Harlock Saga) el Capitán regresó con su tripulación original y la calidad intacta. Space Pirate Captain Herlock exhuma la verdadera bandera pirata, gracias a que Rin Taro (Metrópolis) decidió volver al timón de la Arcadia y deslumbrarnos con su conocido rigor visual. La nueva serie, de 13 episodios, nos sumerge en una atmósfera opresiva y nostálgica, donde abundan los claroscuros (que se extrañaron en Harlock Saga) y los rasgos siniestros que caracterizaron a la insuperable serie original. Ya no hay Amazonas, pero la Tierra está en peligro porque despertó el mismísimo Demonio. &lt;br /&gt;En los títulos del primer episodio confirmamos que cuando se habla de Harlock no nos referimos a un simple animé (mucho menos a todo lo malo que se importa a nuestras pantallas) sino (y como aclara su creador, Leiji Matsumoto, en agradecimiento a su amigo Rin) a una obra de arte. En lugar de oír un openning clásico (pop bizarro nipón) solo escuchamos a una orquesta afinando sus intrumentos. Inmediatamente, una sublime mujer desnuda (Kei, joven pirata, típica belleza matsumotiana) nos advierte que el terror se apoderó del espacio. Pero los tiempos no son como antes ni los piratas tampoco. Cuando intenta abordar (y saquear) una nave de carga, Kei y su tripulación son capturados. La historia arranca cuando el profesor Daiba se reune con Harlock para decirle que llegó el momento de luchar. Los ex-piratas, tan ebrios como siempre, narran sus historias en un tugurio (como siempre), llorando de melancolía. La impotencia que muestran al conocer la noticia de que Kei ha sido arrestada nos entristece (que distintos eran los viejos tiempos, cuando estos tipos se hacían temer). El rasgo contemporáneo es subrayado por la extraña conducta del hijo del profesor Daiba. Si en la serie original era un joven inteligente y valiente (yo siempre me identifiqué con él, hasta sigo usando sus pantalones oxford) ahora es un delincuente (como mi hermano menor, hábil carterista que hace de las suyas en las peatonales de Buenos Aires). Su novia es nada menos que la hija del jefe de policia. Eél odia a los polis y vive dando (y recibiendo) palizas a colegas delincuentes que le reclaman lo que les debe. Por supuesto, su padre volverá a ser asesinado y él reclutado en la Arcadia (con esa famosa frase de Harlock incluída: Si quieres ser un hombre de verdad, ven a mi nave y pelea bajo la bandera pirata de la libertad).&lt;br /&gt;Los diseños son mucho mejores que los de Harlock Saga. La música no conserva la estridencia y la monumentalidad de las versiones anteriores (sorprende el magnífico uso de los silencios) pero posee un ending estupendo, casi salido de la banda sonora de Metropolis (que como dije antes, dirigió el mismo Rin Taro). El montaje nos recuerda a las películas de Kitano, aunque Rin siempre los hace tan elaborados. Cortes de tiempo, estructuras de mozaico, largos planos y repeticiones hipnóticas (solo faltaría el propio Kitano, apoyado sobre la culata de un auto una y otra vez). La serie apunta al público que era niño cuando irrumpió el pirata del espacio a finales de los setenta. Está claramente orientada a un público adulto. La severidad de cada fotograma así lo confirma. En fin, estamos ante un formidable animé (y obra de arte) que despeja cualquier duda acerca de si Harlock volvería alguna vez o sería utilizado con fines comerciales para saciar la añoranza de sujetos melancólicos (como yo). ¡Larga vida a la bandera pirata!</summary>
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        <title>Recordando al Capitán</title>
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        <summary>&lt;span style=&quot;font-size:12pt&quot;&gt;El Capitán Harlock regresa a la Tierra para saludar a Mayu en el día de su cumpleaños. Ella es la pequeña hija de su mejor amigo, fallecido años atrás. Sabe que las autoridades lo encarcelarán, porque él es un proscrito. Pero no le importa. Juró que nunca faltaría. Y como era previsible, es arrestado. El gobierno lo condena a la pena de muerte, armando una especie de circo romano que dará un truculento espectáculo de fusilamiento a los ciudadanos. Los soldados apuntan y disparan. Así comienza el primer capítulo de la serie más apasionante de la historia del animé japonés: El Capitán Harlock (conocido en argentina como Capitán Raimar) (Captain Herlock, 1978).&lt;br /&gt;Tadashi conversa con su padre (un importante astrónomo) sobre la conducta corrupta de los gobernantes y la falta de iniciativa de la gente. Acaba de comprender que existe una invasión extraterrestre. Pero nadie, incluyendo el presidente (que juega siempre al golf), cree en ella. Su padre se deprime y lanza una frase contundente: Quizás, sería mejor que esos malditos acaben con la humanidad.&lt;br /&gt;Días después, luego de un terrible episodio, Tadashi camina por la ciudad y observa a la gente correr de espanto ante el sonido de las alarmas: Son unos miserables, piensa. Un científico le dirá: La humanidad está al borde del abismo, pero aunque le alertemos del peligro, igual dará un paso y caerá. Ya en la prisión, acusado de ser cómplice del Capitán Harlock, recuerda como su madre murió en una estación orbital, mientras las autoridades hacían oídos sordos al pedido de auxilio, porque estaban en el horario de descanso. Informaron que ella fue la responsable de la tragedia. Tadashi no soporta tanta decadencia, escapa y cuando encuentra la bandera del Mundo Unido, le dispara: Esa no es mi bandera. Inmediatamente, llama al Capitán Harlock y jura defender la bandera pirata de la libertad. ¿Por que lucha usted?, le pregunta. No lo hago por nadie ni por nada. Solo por lo que llevo en el corazón, es la lacónica respuesta. ¿Tienes a alguien que quieras en la Tierra?, interroga el proscrito. No, responde con severidad el joven. Entonces, pelearás con nosotros en la Arcadia. Solo así serás un hombre de verdad. Ya lo sabes, si algo no te agrada de la tripulación, te puedes retirar porque eres libre. Tadashi no tarda en desilusionarse. Los hombres del Capitán son borrachos y ladrones. Cada uno piensa lo que quiere y se la pasan construyendo modelos a escala de aviones para armar.  Estoy dispuesta a entregar mi vida por Harlock, le dice una enigmática mujer mientras toma un trago, ya que viene de un planeta cuyo principal alimento es el alcohol. Hasta que llega el turno de combatir y todos ocupan sus puestos, sin que nadie se los exija. Y vaya si lucharán. Te amo, quiero estar para siempre junto a ti, le murmura una joven a su novio. Los piratas le disparan y la chica arde como el papel. Era una invasora, una Amazona. Una modelo desfila en la pasarela. Hay una gran cantidad de público. Los piratas, encapuchados, entran y la matan. Nadie entiende lo que ocurre y piensan que son terroristas cometiendo salvajes atentados. Salen los tanques a la calle y los acorralan en una escuela. Los cañones atacan, sin pensar en los niños que hay en el interior. Pero los rebeldes vuelven a escapar. Es que están dispuestos a detener la invasión extraterrestre aunque nadie crea en ellos. Porque juraron defender a la Tierra, aunque deban derramar su sangre en el intento.&lt;br /&gt;Este serial magnífico, extraído del manga de Leiji Matsumoto (actual hacedor de los videos animados de Daft Punk) y dirigido por Rin Taro (Metrópolis, sobre historia de O. Tezuca y guión de K. Otomo) se pudo ver por la pantalla de ATC a finales de la década del setenta, en plena dictadura militar. Como era obvio, las cintas fueron desaparecidas en un incendio y los pocos episodios que sobrevivieron se repusieron en canal trece durante 1983. El montaje es experimental, casi lisérgico (memorable la muerte del Profesor Daiba) y la banda sonora es sombría y romántica. La película que le siguió (Mi juventud en Arcadia) es una obra maestra, con niveles insospechados de heroísmo y de tragedia y una animación superior a la del animé, también dirigida por Rin Taro. Fue proyectada hace unos años en Requiem, entre vasos de vino y darkis sorprendidos. Luego se hicieron un par de series de menor calidad. Harlock Saga (2001) está inspirada en El anillo de los Nibelungos, la tetralogía de Wagner.  Pero es fría y lánguida, sin la ferocidad de la original. Pero Rin Taro volvió a tomar el mando de la Arcadia y dirigió la excepcional The Endless Odyssey, un serial de trece episodios de una magnífica calidad, que se inspira en la serie original Sumamente recomendable.¡Viva la bandera pirata!&lt;br /&gt;Hugo Steinhauser (Piloto Kamikaze) &lt;/span&gt;</summary>
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